
Una vez que terminó de guardar y asesorar a su ejército se sentó en el sofá, ese que utilizaba tantas veces como trinchera, clavó su mirada en el reloj de pared y a continuación en la puerta de entrada. No dejó de mirar las agujas ni la puerta y la inquietud iba aumentando cada vez más. De vez en cuando cambiaba la dirección de sus ojos hacia el dormitorio de sus padres, aunque un mínimo ruido lo hacia volver a la puerta y seguidamente al reloj. Se estaba impacientando y las manos le sudaban cuando por fin, alguien entró en casa y cambió la maldición que iba susurrando por un: ¡Hola cariño! , ¿Cómo estas?, ¿Has cuidado bien de mamá?, ¡Seguro que sí!
Entonces, padre e hijo se fundieron en un abrazo y en miles de besos, luego el niño sin darle tiempo a pensar preguntó:
¿Cómo ha ido papá?, ¿Se curará mamá, verdad?- pregunto con gran ansiedad.
Mira hijo- le dijo el padre con tono comprensivo- nos tenemos que ir de viaje a Houston para que mamá tenga posibilidad de curarse pero…
¡Pues nos vamos! – le interrumpió con fuerza y entusiasmado- y mamá se pondrá bien y volveremos a ser felices.
Cálmate hijo, no es tan fácil, necesitamos 25.000 euros para poder marchar y me está costando conseguir el dinero, – sus palabras eran sinceras y a pesar de que era un niño y su hijo, no quería engañarlo – pero tranquilo, voy hacer todo lo posible por conseguirlo y cuando lo tenga nos iremos a Houston. – intento serenarlo porque aunque no quería engañarlo y era bastante espabilado, ¡Era sólo un crío! ¡Y era su madre la que estaba enferma!
Pero papá… ¿Por qué necesitamos 25.000 euros?, ¿Tan caro es el viaje? – pregunto con la inocencia y un desconocimiento lleno de tristeza.
No hijo, el dinero es para operar a mamá porque la operación es muy costosa y tienen que utilizar cosas que valen mucho dinero – una vez más fue sincero aunque esta vez su voz desprendía el tono infantil que requería la situación. Esas frases para el hijo fueron impactantes y de una manera directa, profunda y tan escalofriante como real, le preguntó algo que le derrotó por completo y, que supongo que a todos, nos dejaría mortalmente heridos el alma, la conciencia y el sentido que tiene este mundo y esta vida.
- ¿Para curar a mamá hay que tener dinero? – y ahora vendría la puñalada universal - ¿ Es que para salvar una vida hay que pagar? ¿Pagar por una vida?
El padre quedó petrificado y acariciándole la cabeza dijo con la voz rota:
Voy a ver a mamá, – se iba a derrumbar y dándole la espalda subió las escaleras, mientras se secaba con disimulo las lágrimas volvió a hablar como pudo- haz los deberes hijo, que dentro de un rato haré de cenar, ¿Vale? – un suspiro más, interminable, silencioso, angustioso…
El niño asintió con la cabeza y repasando toda la conversación que había tenido con su padre, exclamó en voz alta: ¡No puede ser!, ¡No entiendo a la gente ni a este mundo! – por un momento parecía que hablaba un adulto, hasta que rompió a llorar y a decir: ¡Mamá, mamá, mamá…!
Cuando dejó de llorar miró hacia arriba y volvió a susurrar algo más entre la incomprensión y el sueño de un milagro : - En Houston debe vivir Dios...
Mira hijo- le dijo el padre con tono comprensivo- nos tenemos que ir de viaje a Houston para que mamá tenga posibilidad de curarse pero…
¡Pues nos vamos! – le interrumpió con fuerza y entusiasmado- y mamá se pondrá bien y volveremos a ser felices.
Cálmate hijo, no es tan fácil, necesitamos 25.000 euros para poder marchar y me está costando conseguir el dinero, – sus palabras eran sinceras y a pesar de que era un niño y su hijo, no quería engañarlo – pero tranquilo, voy hacer todo lo posible por conseguirlo y cuando lo tenga nos iremos a Houston. – intento serenarlo porque aunque no quería engañarlo y era bastante espabilado, ¡Era sólo un crío! ¡Y era su madre la que estaba enferma!
Pero papá… ¿Por qué necesitamos 25.000 euros?, ¿Tan caro es el viaje? – pregunto con la inocencia y un desconocimiento lleno de tristeza.
No hijo, el dinero es para operar a mamá porque la operación es muy costosa y tienen que utilizar cosas que valen mucho dinero – una vez más fue sincero aunque esta vez su voz desprendía el tono infantil que requería la situación. Esas frases para el hijo fueron impactantes y de una manera directa, profunda y tan escalofriante como real, le preguntó algo que le derrotó por completo y, que supongo que a todos, nos dejaría mortalmente heridos el alma, la conciencia y el sentido que tiene este mundo y esta vida.
- ¿Para curar a mamá hay que tener dinero? – y ahora vendría la puñalada universal - ¿ Es que para salvar una vida hay que pagar? ¿Pagar por una vida?
El padre quedó petrificado y acariciándole la cabeza dijo con la voz rota:
Voy a ver a mamá, – se iba a derrumbar y dándole la espalda subió las escaleras, mientras se secaba con disimulo las lágrimas volvió a hablar como pudo- haz los deberes hijo, que dentro de un rato haré de cenar, ¿Vale? – un suspiro más, interminable, silencioso, angustioso…
El niño asintió con la cabeza y repasando toda la conversación que había tenido con su padre, exclamó en voz alta: ¡No puede ser!, ¡No entiendo a la gente ni a este mundo! – por un momento parecía que hablaba un adulto, hasta que rompió a llorar y a decir: ¡Mamá, mamá, mamá…!
Cuando dejó de llorar miró hacia arriba y volvió a susurrar algo más entre la incomprensión y el sueño de un milagro : - En Houston debe vivir Dios...
DAVID...NO HE PODIDO REPRIMIR LAS LAGRIMAS CUANDO EL NIÑO DICE A SU PADRE " EN HOUSTON DEBE VIVIR DIOS."..¡¡QUE INJUSTA ES LA VIDA!!!
ResponderEliminarNO SABES HASTA QUE PUNTO
Que bonito relato, es la cruda realidad.
ResponderEliminarAunque parezca mentira nuestras vidas dependen del dinero, siempre estés sano o no. Siempre el dinero por todos lados, es triste pero así es.
Y que doloroso tiene que ser no poder hacer frente a ello.
Un relato excelente.
Un besito.
Hola querido amigo, quiero invitarte a pasar por mi blog, para que veas que ha cambiado su nombre y porque de ello…
ResponderEliminarUn beso grande!