viernes, 22 de marzo de 2013

LA ESQUINICA, CAPITULO 1

Esta es una serie escrita en colaboración entre los escritores “IndiEs” de Barcelona. Participan Josep Capsir, Mercedes Gallego, David Lucas, Frank Spoiler, Juanjo Díaz Tubert, Isabel Mata Musick, Juan Re-Crivello. Intentaremos que sea cada 5 días máximo.

A cargo de Mercedes Gallego

Amaneció despejado y azul, como si el clima no supiera la que se avecinaba. La risa presidía la reunión; cafés y licores se paseaban por las mesas de la terraza entrelazando conversaciones, banales al principio, tensas, a medida que se ahondaba en los temas que siempre suscitan broncas: política, religión y fútbol. Pero ellos seguía allí. De vez en cuando alguien miraba al cielo que poco a poco se iba tornando gris hasta que, harto de la presencia de tanto ocioso decidió descargar su furia contra ellos. Primero unas gotas espaciadas y gruesas que no tardaron en volverse aguacero hasta que las sombrillas se doblaron incapaces de contener el torrente de agua, sin darles tiempo para guarnecerse. De repente, un bulto pesado cayó con el agua y un cuerpo untado en las baldosas de la acera paralizó la escena. El agua dejó de ser protagonista; a nadie le importaba calarse hasta los huesos y todos miraban hipnotizados el amasijo que poco antes debió ser un hombre a juzgar por las ropas, porque de él no quedaba nada reconocible.
Instintivamente todos miraron hacia arriba pidiendo explicaciones al rascacielos que se alzaba junto a ellos. Nada. Ventanas cerradas era todo lo que se divisaba. Algunos comenzaron a vomitar, otros a gritar y los más realistas, armados con sus teléfonos móviles llamaron a la policía.
El corro de gente había crecido cuando llegaron los agentes que cercaron el lugar con su cinta amarilla para que nadie tuviera acceso al untuoso cadáver. El forense lo declaró oficialmente muerto y la rueda legal se puso en marcha mientras el agua continuaba cayendo sobre todos los presentes llevándose a su paso masa encefálica y sangre que corría por la acera hacia la alcantarilla más cercana.
―¿Qué ha pasado aquí? ―preguntó el que parecía estar al mando.
Los congregados se miraron entre sí pero nadie respondió. El policía miraba a unos y otros pidiendo explicaciones hasta que uno de los curiosos contestó a su pregunta.
―Pues ya lo ve usted. Estábamos tomando un café, se puso a llover y nos levantamos para buscar refugio cuando ¡chaf!, esto ―dijo señalando al suelo―, cayó del cielo.
―No me ira usted a decir que ahora llueven muertos.
―Oiga, que yo no he dicho eso, pero es lo que pasó ―el individuo miró alrededor buscando la confirmación a sus palabras entre los presentes.
El policía miró hacia arriba recorriendo las ventanas metálicas del edificio y en un alarde de imaginación, ordenó:
―Cabo. Ordene montar guardia en la puerta y que no salga nadie de ahí ―señaló a la puerta―. Luego vaya usted con un agente piso por piso a ver si falta alguien.
―Sí, mi sargento ―respondió el cabo cuadrándose con un saludo militar―. Pero eso llevará horas porque así, a simple vista, parece que hay unos veinte pisos y según los que haya por rellano pues…
―Déjese de hostias, cabo y cumpla mis órdenes.
Uno de los asistentes se acercó sigilosamente al cabo cuando este se disponía a entrar en el portal.
―Mire usted. Acabo de oír lo que le decía su sargento y yo que usted empezaría por la terraza, porque de la forma que ha quedado el cuerpo no creo que haya caído desde el primero.
El cabo, que efectivamente pensaba empezar por el primer piso, miró al intruso con cara de pocos amigos.
―Usted métase en sus cosas, que nosotros sabemos lo que tenemos que hacer.
El intruso se dio media vuelta moviendo la cabeza pensando, tal vez, que la ineficacia siempre se esconde detrás de la mala leche.
El agua continuaba cayendo implacable pero a nadie parecía importarle. El morbo anula los sentidos y el amasijo carnoso del suelo impedía pensar en otra cosa. Los pensamientos casi podía oírse: «se habrá suicidado», eran los más frecuentes. «Eso es que lo han tirado desde la azotea», pensaban otros. «Otro afectado por la hipoteca», se aventuró a comentar un tercero dejando salir lo que pensaba.
Llegó la noche mientras la lluvia continuaba cayendo; un furgón de la Morgue apareció por fin para retirar el cuerpo. Primero intentaron moverlo con las manos, pero el estado en el que se encontraba obligó a los camilleros a recurrir a unas pequeñas palas para que los CSI de turno no se perdieran nada, aunque para eso deberían bajar a las alcantarillas donde parte de las sesos del difunto habían desembocado. Cuando el furgón mortuorio se alejaba dejó de llover.
Entre los restos no hallaron documentación ni otros enseres que pudieran dar una idea de la identidad del muerto. Un integrante de la Policía científica tomó las huellas dactilares que todavía quedaban intactas y las guardó en la maleta protegida por la consabida bolsita de plástico. Dos horas más tarde ya estaban escaneadas y rodaban buscando coincidencias en la base de datos. Nada.
Una semana más tarde el cabo ya había elaborado un informe de los doscientos setenta y seis vecinos que vivían en el rascacielos que tenía cuatro pisos por rellano. En realidad, el informe no era tal, porque se limitaba a poner los nombres de los inquilinos y constatar que no faltaba ninguno.
Un mes después, nadie se acordaba del suceso… ¿Nadie? Demasiado rotunda la afirmación. Alguien se acordaba y se alegraba del final que había tenido el desconocido cadáver. ¿O no tan desconocido? Lo era para la sociedad porque si no existe en algún archivo es como si fuese invisible. No habían reclamado el cuerpo o lo que quedaba de él, que se pudría en una nevera del depósito de cadáveres hasta «nueva orden», que no llegaba porque todos se hallaban a la espera de que alguien denunciase la desaparición de un individuo de unos cuarenta y cinco años, según la Científica, con la única seña de identidad de un inmenso pene que era lo único que había permanecido intacto al estrellarse sobre el suelo. Pero, ¿cómo poner un anuncio en la prensa? ―se preguntaba uno de los inspectores encargados del caso―. «Si fuese negro podríamos pensar en un senegalés, que tienen fama de… bueno, ya sabes…» Pero no. No era de raza negra, ni tenía prótesis dentales para buscar entre los dentistas, como hacen en las películas, ni prótesis de cadera, nada que pudiera sugerir un hilo del que tirar para esclarecer su identidad. Solo cabía esperar el paso del tiempo por si alguien denunciaba la desaparición de una persona que respondiera a las mínimas características que se tenían del cadáver de La Esquinica, como lo habían bautizado en la brigada por el lugar en el que había sido hallado, justo al lado de un bar con ese nombre.

jueves, 21 de marzo de 2013

TODO VA AL REVES


 

“Medía vida luchando por mantenernos en pie para caminar sin perder el equilibrio. En la otra medía, despertamos del esfuerzo y contemplamos como todo es una locura que funciona del revés.”

Miramos hacia arriba y allí no hay ni Dios.
Ni siquiera en el vaticano, donde el papa padece alzhéimer y Al Capone es recordado.
La justicia es injusta, el juez ha perdido el juicio y el abogado ha dejado al diablo para irse con el presidente de turno.
Ya no hay películas de piratas a la conquista de islas y fragatas, ahora es la música y también el arte, ese del séptimo, los que están pirateados en el sótano por bucaneros, con joyas y corbata en el puerto del triste emigrante.
Cuando menos te lo esperas y te viene un atisbo de luz, te das cuenta que todo va al revés. Eres el único que va en dirección contraria a lo que indica el panel; < Haga caso a la sociedad o le sancionaremos por poner delante el corazón y ser rebelde sin razón>

No sabes qué rumbo elegir, pues hasta descuelgan las estrellas para que pierdas la orientación y vuelvas a la manada del silencio.
Tampoco puedes presentar tus sueños, aunque estén en toda regla, que ya vienen ellos con la excepción para cargarse tu ilusión.
Es extraño, raro, ambiguo…este mundo vertiginoso, que a más velocidad, menos tiempo para pensar que lo primero es parar, respirar y beberte poco a poco el brebaje de la vida.
Ahora lo que vale, es cumplir con los contratos y sus dictados, que aquí el mangante es el mandante y el obrero el que el calla sin obrar.
Ahora los cuentos empiezan por el final, el príncipe destiñe y han cambiado las perdices por hienas. El titulo: “Una sonrisa para el desperdicio”.

Los pilares del universo crujen ante tanto plomo en sus carnes, a ese paso el firmamento caerá hecho añicos entre nuestros dedos y nuestras lágrimas. En esta rueda que gira al revés, es un sacrificio ser auténtico, donde la marea te lleva a ser un guiñol más de la función. Es lo más fácil, dejarte ir por las aguas estancadas que hay de puerto en puerto, entre la apatía y la indolencia, expuesto ahogarte porque la vida pasa sin que pase nada más que los rizos de las olas.

Todo va al revés, los gritos no se oyen por mucho que se grite.
Los caminos han desaparecido porque no hay ni un paso dado.
El sol no aparece al amanecer y la luna se ha diluido en la locura.
Se corre de un lado a otro y nunca se llega ningún lugar.

Todo va al revés…
Los besos esconden algún propósito.
Un abrazo resulta peligroso e inaudito.
El tiempo se ha perdido en el tiempo.
Y el amor, un invento demagógico.

Todo va al revés…

miércoles, 27 de febrero de 2013

MIEDO


 

 

Quiero ser directo, sin concesiones…
Contigo no se puede ir dando rodeos, pues en cuanto llega la duda, vienes y golpeas, machacas y rematas sin compasión alguna.
Eres el villano más poderoso y la sensación más mísera, el que abusa sin piedad de las limitaciones que nos surgen desde que nacemos.  Tú, malévolo miedo, te filtras en la piel y te bañas en nuestra sangre, te asocias con las dificultades y convences a la mente de que, mejor resguardarse bajo tu manto que olvidarte y vivir sin ti.
No hay peor veneno que el sabor de tu presencia…
Eres el muro impenetrable y el dueño de nuestras cadenas, esas que arrastramos día y noche por llevar como castigo, el dogma de tus intenciones.
La eterna carga entre nuestros sueños y fracasos, el juez de las decisiones, el sereno que guarda las llaves de nuestro subconsciente…
Pero te nombro y te repito: Miedo, miedo…miedo. No te tengo miedo porque llevo suficientes armas a cuestas para darte un revolcón. Llevo la receta contra el lastre de tus síntomas y aunque maquines con tus perversas ideas, mantengo otras que pueden tutear el ejército que llevas desde mi corazón hasta mi alma.
Ere el gran cáncer psicológico, la sombra que planea en la luz de los deseos, el que sacude tanto nuestro camino que al final caminamos al revés. Sin duda, eres la enfermedad por antonomasia del ser humano. Eres fuerte, temible, angustioso y maligno, capaz de trasladar las heridas síquicas a la parte física y cortar de raíz cualquier propósito que se acerque a la felicidad. De ti nacen farsantes y la mentira más cruel. La que calla, la que confunde, porque has hecho de las actitudes siervas de tu reinado, esclavas de tu dictadura.
Pero, ¿sabes? Te nombro y te repito: Miedo, miedo…miedo.
No te tengo miedo y es más, acepto sin rubor que te he sentido en las profundidades de mí ser. Acepto que vas a vivir  pegado a mi eternamente, e incluso a veces me parece hasta bien, pues me das la posibilidad de enfrentarme a ti y sacar a relucir principios y valores que construyo en mi destino. La superación, la valentía, el orgullo, la empatía…
Miedo, eres el jerarca de la muerte, el freno de la ilusión, el borrador del futuro y el carroñero de la decepción. Eres la hiena sin sonrisa, el que desequilibra la balanza de la incertidumbre, el maltratador de la maltratada y el ventrílocuo de gente que como muñecos, se dejan ir porque la apariencia es lo que importa.
Vale, no puedo matarte, ni echarte al vertedero por ser puta escoria, basura y escombro, pero… ¿Sabes? yo  te nombro y te repito
Miedo, miedo, miedo…no te tengo miedo.
Aunque dormites conmigo, seguiré pintando sueños…
Aunque amanezcas en mi espejo, seguiré siendo la transparencia…
Aunque me rodees en muchos momentos, seguiré abrazando con mis brazos…
Aunque seas inmortal, tengo vida, ganas y fuerza para vivir una y mil vidas…
Miedo, miedo…miedo, no te tengo miedo.
 

 

sábado, 23 de febrero de 2013

UNA RAFAGA DE LUCES

 
 
 
 
Que se quite el destino del medio, que voy a toda ostia subido a mis sueños.
Que se aparten barreras y dudas, que soy imparable cuando empujo con el alma.
Que retiren mentiras y caretas, que soy muy rápido en esto de desvestir emociones y no quiero dejar en evidencia al falso e hipócrita.
Que pongan las calles para abajo, que hacia arriba ya las cogí para llegar al cielo y conquistarlo. Ahora toca voltear el infierno y convertirlo en dulce y tierno.
Que se marchen las sombras del suelo, que aunque pinten de oscuro el camino, voy en picado, sin frenos… y mis huellas una ráfaga de luces.
Que se eche a un lado el miedo, que he pisado el acelerador de la valentía para llegar a la suma de mis deseos.
 
Que allá voy, encajado en mi locura para desencajar a la rutina y aliñar esta vida, de nuestra fuerza e ilusión, hechizo y pasión.
Que me dejen de parrafadas y discursos que no tienen salida, que mis palabras abren puertas desde el rastro de mi sangre hasta el fin de mis intentos.
Que me olviden si lo que quieren es que olvide, que mi memoria lleva pensamientos enlazados a mis sentimientos y me piden recordar ahora y siempre, por lo que hay que luchar y por lo que hay que vivir.
Que no busquen los hilos a mis espaldas, que aunque caiga una y otra vez, tengo personalidad suficiente para no ser una triste marioneta.
Que se rindan si lo que quieren es dejar en los huesos nuestros valores, porque jamás voy a dejar de alimentar la esperanza y la transparencia.
Que sigan pregonando con su imagen los lujos y las etiquetas, la socarronería y demagogia, que a mí me va más, eso que llevamos dentro y nos hace diferentes.
Que sigan creyendo en su doctrina, que seguiré peleando por un mundo donde la balanza esté equilibrada y sea justa.
 
 
Que no me importa si al despertar llueve, cae nieve o surgen borrascas, pues cada día es una nueva oportunidad para ir a morder sueños y deseos.
Que a pesar de los badenes que construyen a cada paso dado y las continuas caídas que producen, tengo una gran amortiguación a los golpes y puedo y quiero seguir conduciendo por este circuito de curvas, llanuras y baches.
Que huya por fin el pavor, la decepción, la indiferencia, el egoísmo, la envidia…porque jamás bajaré los brazos contra aquellos que forman estas armas, aquellos que creen que por estar en las alturas no pueden morir en sus propias heridas.
Que se abra de par en par el tiempo, que en sus esquinas, recovecos, recodos…voy a cultivar pedacitos del sentimiento más bueno que tiene el ser humano.
 
Que voy a por todas…
Que no hay parada en la rendición…
Que la utopía se hará realidad…
Que el mundo es nuestro…y sólo nuestro.
 

 

viernes, 8 de febrero de 2013

DENTRO DE TI

 
 
 
Llega sin saber el tiempo de vida que va a vivir dentro de ti.
Pero cuando entra y se instala entre tu alma y corazón, no hay forma de controlar, ni manera de frenar su ímpetu, nada qué hacer cuando comienza a besar tus entrañas.
Imposible echarlo de tu cuerpo, agarrado como una sanguijuela; te aprieta, te inventa, te lleva en volandas, te ciega, te absorbe y te desordena la cordura para desempolvar la locura.
Dentro de ti…
Lo más bello que existe en el mundo.
Dentro de ti…
El verdadero motor del universo.
Dentro de ti…
El milagro de la vida.
Son las alas de tu sueño…
La sangre de tu espíritu…
El alimento de tu día a día…
Es inmenso y no se ve, es todo y tanto, que se sale por los ribetes de la eternidad.
El faro de tus deseos, el arco iris de tu cielo, la luna de tus versos.
Es el médico, el paciente, el paraíso y el tsunami.
Son las ganas de vivir y el desconsuelo si no encuentra respuesta.
Es capaz de desmontar en un instante lo que tú has creado a golpe de principios y compromisos. Fiel amiga y enemiga de la soledad y te convierte en un seguidor de sus mandamientos. Con él, puedes con aquello que decías que era imposible. Con él pintas de colores tus horas, te lleva de viaje al paraíso sin moverte del sitio y te viste de súper héroe en una aventura que puede pasar de la tragedia a un hermoso cuento o viceversa.
Sí está, eres mejor, más bueno, más dulce y más tierno.
Si está, eres el sol, la inmortal primavera, lo opuesto al invierno.
Si está, te quiero, me quemo, te cuido, me río.
Si está, te siento, el viento, el aroma , las bromas…
Son las olas de tus remos…
La perfección de la imperfección…
El fuego de tus latidos…
Es el roce de tu alma, es todo y tanto, que no hay mundos para arroparlo.
El guía de tu desbarajuste, el desbarajuste para tu orden, el orden de tu prioridad.
Es la flor, la espina y el jardín que cuidas con mimo.
Son las ilusiones de una tacada y la magia sin truco ni disfraz.
Dentro de ti…
La completa belleza.
Dentro de ti…
El sentir de los sentidos.
Dentro de ti…
Cuatro letras y el sentir del infinito.
Dentro de ti…

 

 

 

martes, 5 de febrero de 2013

LA TRAVESÍA DE TU NAUFRAGIO

 
 
Una losa más y el peso será el máximo permitido para aguantar tanto dolor.
Otra piedra y el muro será el más alto que hayas construido.
Una más y acabarás siendo una sombra encerrada en tu cuerpo.
Un lamento perpetuo por la inercia del victimismo.
Lo sé, no cuestiono la dificultad de vivir con una cicatriz.
Sé que la crueldad llegó cuando la felicidad abrazaba tus días.
Sé que ahora la ilusión ha muerto porque se enterró de un portazo.
Lo sé, entiendo, pero el tiempo te ha dado tiempo para indultar tu herida.
Ahora ya es momento de cambiar de amistades y dejar a la soledad que marche por donde entró. Ya es momento de abrir las persianas para que el sol pinte esas paredes marchitas por la oscuridad. Está bien, hazlo a tu ritmo, sin prisas y sin fecha, que cada uno tenemos un barómetro distinto para las emociones y la superación.
Hazlo, no te quedes amarrado en el pasado consumiendo recuerdos.
Intenta aceptar que Afrodita llevaba a Judas por dentro.
Reconoce que sus besos tan dulces terminaban con un regusto de amargura.
Ya, ya sé que estabas ciego y que el lazarillo era su andar, su contorneo y sus caderas.
Pero ahora vuelves a ver el cielo, después de tanto tiempo amurallado por la figura de su cuerpo. Vuelves a ver la luz, después de tanta venda y tanta palabrería…
No me sirve que sigas sumido en el eco de su carcajada, que lo que tú llamas dulce sonrisa, el mundo lo bautizó como el arma del diablo. No me basta que me digas que lo intentas, que el calendario se ha quedado en los huesos ante la caída de los meses, sin embargo tú sigues en el intento y ni siquiera sabes que intentas…
Vale, no me vengas con eso de que no estoy en tu piel, que más que entre tus poros, estoy en tu corazón y atiendo a la complicación de la situación. Asiento a tu llanto, a tu quebrado querer, a la pérdida de tu esperanza, al vacío de tu alma…
Comprendo la travesía de tu naufragio cuando navegabas en un transatlántico.
Comprendo que antes reinabas mares y océanos y ahora te ahogas en charcos.
Comprendo que tus descosidos ya no pueden remendarse porque has agotado el hilo de tu paciencia. De verdad, lo comprendo…
Pero ya toca apartar las piedras, las losas y dejar de repetir lamentos que bloquean tus intenciones y te avisan con luz intermitente de tu fallecimiento o resurrección.
Ya toca alzar tu voz por encima del reproche y de ese susurro torturador que enfría tu cama cada noche. Ya toca abrir ventanas que oreen tu respirar y ya toca volver al mundo con nuevas ropas y colores. Toca subirte de nuevo al escenario e interpretar con tus encantos los misterios de la vida.  Toca tirar del telón para que vuelvan los aplausos de tus deseos…
Mereces que el tiempo cambie su actitud contigo y lo adornes de nuevo con tu convicción.
Mereces que los días caigan repletos de tus cosas y dejen de ser huérfanos y en vano.
Mereces eliminar los restos de veneno que han quedado en tu mente y corazón.
Mereces alegrías, epopeyas sentimentales, veranos mensuales…un nuevo principio.
Sí, mereces que esas piedras se erosionen y vuelva a florecer el jardín de tu destino.

 

lunes, 21 de enero de 2013

UNA MAQUINA DEL TIEMPO



Poco a poco se va colando en mi mente y mi emoción se va llenando.
Mis pensamientos me transportan al pasado, pero los latidos golpean tan fuerte que hace que sea del presente. Los ojos se van empañando y cuando los cierro, un par de lágrimas caen por cada lado de mi cara.
La música es una máquina del tiempo, un interruptor para accionar tus sentimientos, un generador de ánimo, el mejor aliado para gritar, saltar, llorar y reír.
Subo el volumen y sigo escuchando con el alma en reposo.
Abro las compuertas de todas mis sensaciones dispuesto a revivir, resucitar, vivir y ser inmortal por cada nota musical que oigo.

Por aquello que quise y que quiero.
Por aquello que puedo y que deseo.
Por aquello que escucho y lo guardo.
Por aquello que llega y se queda.

Cuando abro los ojos no veo más que lo que recuerdo.
Si la vista va hacia atrás percibo hasta los olores, colores y sonrisas.
Si fijo la mirada a día de hoy, mil deseos por hilar con mis andares.
Cuando presto atención a su voz, compruebo que a veces hay canciones vividas.
La música embarga la tristeza al filo del suspiro y envuelve personas para siempre.
Te impregnas de su ritmo y es extraño que no encuentres momento para graparlo en algún estribillo de tu historia. Momentos que se acercan gracias a su compás y que bautizas para guardarlo eternamente en tu memoria.
La música eleva tu esencia a cotas donde ni siquiera entiendes. Te regala de repente, una motivación desconocida cuando el silencio reina en tu ambiente. Te enreda, te agiganta y te viste de súper héroe, te acuna en su melodía y te invita a exaltar lo que escondes cuando la monotonía aplasta tu tiempo. Con la música pierdes vergüenzas y creas promesas, desbaratas complejos y reconfortas tu seguridad donde antes estaba la soledad y ahora existen mil posibilidades.
Poco a poco la música avanza debajo de mi piel afilando mis sentidos.
Mis sentimientos afloran como las flores en primavera, pero es el rocío el que moja mi cuerpo cada vez que un instrumento perfora la nostalgia o la alegría.
Algunas veces pierdo el habla, demasiados similitudes en unos cuatro minutos.
Otras, canto como si supiera y me creo el rey del mundo, mientras la percusión no para de tocar en el pozo de mis entrañas.
También, en ocasiones disminuyo el sonido hasta convertirlo en susurro. 
A oscuras, la relajación aborda la inquietud de todo el día y la música completa un ejercicio que me encumbra a la paz y a la tranquilidad.
Mucha música diferente; géneros, subgéneros, étnicos, espirituales…
Pero todas aportan algo que hace que tu vida sea mejor y con más calidad humana.
La música es necesaria, diría yo obligatoria.
Tan antigua, pero tan bella, es un elemento más que debe vivir en nuestro corazón.

Desde el chasquido de un beso…
Desde el gemir enamorado…
Desde una voz entrecortada…
Desde el respirar más suave…

En tormentas que truenan…
En la brisa perfumada…
En lluvias torrenciales…
En el baile de los árboles…

La música es parte de todo.
Del mundo y de nosotros.

domingo, 13 de enero de 2013

EL CAPITÁN DEL BARCO DE TU VIDA




 



Cuando la noche se hace larga y amarga.
Cuando el tiempo pasa y nunca pasa nada.
Cuando te ciegas de rencor y no hay lazarillo que te guíe por otras calles.
Cuando el vaso está vacío y no hay nada por lo que bailar.
Cuando miras hacia un lado y miras hacia el otro y a la izquierda el silencio, a la derecha la soledad y arriba nubes negras que presagian mil tormentas.
Cuando andas con cuidado y te hundes en el barro una y otra vez.
Cuando el mar te espera con tu barco y no sabes si habrá calma o tempestad.
Surgen dos opciones, dos caminos para elegir, dos maneras de adoptar cómo vivir esta vida, que sacude y te golpea, te acaricia y te besa y te quiere y te odia…
La primera, quedarte atracado en el puerto, atando las amarras de tus desdichas, izando tu bandera blanca y esperando a que la espera, desespere a la marea y se suba hasta tu cuello y te engulla, con las olas de tu miedo y la espuma de la cobardía.
La segunda, desanclar tu barco del muelle, arriar las velas de la ilusión y navegar contra el viento y su vaivén, a la conquista de tus sueños por los océanos del destino. Con coraje, energía, voluntad, valentía…
Cómo  te cuento, que cuando la noche se hace larga y amarga, tú puedes invertir el sentido de sus horas, puedes lograr que la agonía se diluya como un dulce azucarillo, puedes obtener los encantos de una estrella y los reflejos de la luna. Cómo te explico que a pesar de la oscuridad, hay madrugadas que enamorar, sombras que iluminar y planetas que conquistar…
No queda otra más que una, si no quieres respirar sin saber que aire recoger.
No queda más que ahora, si no entiendes que eres tú y no aquel que llenas de envidia.
No queda nadie si te vas, pues al marchar es la soledad la que sólo te acompañará.
No queda lugar si caes en la perdición, que allí solo estarás para morir estando en vida.
Agarra el timón de tu vida y deja de buscar a otros que remen bajo la sombra de tu lamento.
Decide tu rumbo e inventa tu mundo, hazte con los galones de tu personalidad y construye la brújula que te lleve donde tú quieras ir.
Surca senderos, llanuras infinitas, caminos empedrados, jardines de hierba fina y cercos con hoyos y espinas, que al fin y al cabo, esto no para y machaca tu pensamiento cada anochecer, tiene sonrisas y llantos, alegrías y penas y sueños y pesadillas.
Pero no olvides en el olvido, que lo más importante es que tú seas el dueño de tu aventura, el que escribe con prosa o sin ella, el pintor que elige sus colores o el soldado que sale de su trinchera. No, no olvides, que sin ti para qué vas a vivir…
Cuando la noche se hace larga y amarga.
Cuando el mar te espera con tu barco y no sabes si habrá calma o tempestad.
Dos opciones, dos caminos y el privilegio de elegir.
Izar la bandera blanca o ser el capitán del barco de tu vida.



jueves, 6 de diciembre de 2012

EL ASCENSOR


 

 

Había dejado su firma y con ella, la mitad de sus bienes.
Cuando salió del abogado retuvo la ira en sus mandíbulas, caminó sin pensar por la calles del barrio sin pensar más que en la injusticia y en el mal de amores.
Pensó que necesitaba una ducha, el agua se llevaría los rencores y las heridas y el desagüe sería el sumidero para olvido.
En su portal, la vecina del cuarto salía con el carro de la compra y el jubilado del quinto, regaba las flores que él mismo había sembrado en el jardín de la comunidad.
Esperaba el ascensor y negaba con la cabeza en soledad…
Soledad, repitió en voz alta y un aluvión de lágrimas se apiló en sus ojos, a la espera de que al primer pestañeo, un mar de tristeza resbalará por su piel y desbaratará de un plumazo, esa fortaleza que había forjado cuando él estaba a su vera para romper el destino…y su corazón.

Se abrieron las puertas del ascensor y de allí no salió nadie.
No chocó nadie contra ella, nadie que dijera: > Te he dejado la comida preparada y una nota en la cocina, que cuenta lo que vamos hacer esta noche…>
Las puertas se cerraron y sintió un escalofrío, como si una guillotina cortará su alma en dos partes. Apretó el botón y comenzó a subir en ese pequeño habitáculo donde la agonía parecía engrandecerse alrededor de ella. A mitad de trayecto, mientras rebuscaba en el bolsillo de su chaqueta las llaves, el ascensor se paró de repente. En medio del hormigón y sin un resquicio de cristal ni de luz externa.
Miró hacia arriba, como si la salida estuviera en el techo.
Empujó las paredes del ascensor como si hubiera una puerta secreta.
Luego, gritó, pulsó el botón de emergencia y por último cayó de rodillas en el suelo.

A la media hora, unos golpes la despertaron de su ensimismamiento.
Se incorporó y se acomodó los vaqueros y la camisa, sabía que en breves momentos iba a salir de ese maldito espacio reducido.
Y así fue, los bomberos lograron abrir esta lata que estaba desgastando sus pensamientos. Que estaba torturando cruelmente sus emociones con la imagen de aquel que se convirtió de príncipe a villano de un día para otro.

Cuando llegó a casa se desplomó en el sofá y escudriñó el salón.
Las fotos seguían engañando al presente.
Las flores siempre habían sido de plástico.
Las notas en el frigorífico eran frías.
Las llaves, inservibles para abrir las puertas del amor.

Se levantó y a medida que iba caminando para la ducha, iba desvistiéndose y tirando la ropa por el suelo. Desnuda frente al espejo, quiso colar su mirada en sus ojos…
Después, suspiró y dándose la vuelta pensó de nuevo, que el agua se llevaría los rencores y las heridas y el desagüe sería el sumidero para el olvido.

 

 

 

jueves, 8 de noviembre de 2012

SÓLO SOY

No soy el mejor, no soy el más guapo, no soy el más simpático.
No soy el más alto, no soy el más risueño y tampoco soy todo lo que quieres que sea.
No soy el más obeso ni el más delgado, no soy lo que a veces sueñas ni cuando duermes a mi vera. No soy el más rico en monedas ni soy el héroe de tu cuento.
No, que va, no soy el más sincero ni el hombre que de bueno es tonto.
No soy el más sensual, ni el más sexual, ni puedo ser lo que dibujas en tu mente cuando piensas que soy inocente. No, no soy el que nunca ha roto un plato, ni soy el que regala vajillas y ropa interior. No, no soy el número uno en las listas, ni en las tontas…
No soy el más generoso, ni el más tierno, ni el calor de tus inviernos…
No soy el más serio, ni el más fiel, ni el dulce para tu hiel…
No soy el más atractivo, ni el más elegante, ni el mejor de tus diamantes…
No soy el más generoso, ni el más detallista, ni un amor a primera vista…
Sólo soy el que ahuyenta tu soledad.
El que te ama sin preguntar.
Sólo soy el que te cuenta la verdad.
El que te arropa sin esperar.
No soy el más inteligente, no soy el más pícaro, no soy el más genuino.
No soy el más maduro, no soy el más tristón y tampoco soy nada de lo que crees cuando llega la discusión. No soy el más pobre en sensaciones ni el villano de tus pesadillas.
No, para nada, no soy el mejor amigo, ni el que sabe más que los ratones colorados.
No soy el más susceptible, ni el más cuerdo, ni puedo ver lo que suplicas cuando me tachas de culpable. No, no soy el marinero de cada puerto, ni soy el arquero del romanticismo que apunta al centro de tu alma. No, no soy la letra de tu corazón de tiza,  ni la tinta de tu pluma…
No soy el más especial, ni el más fuerte, ni el dado de tu suerte…
No soy el más tímido, ni el más extrovertido, ni un loco invertido…
No soy el más esplendido, ni el más austero, ni un mísero embustero…
No soy el más astuto, ni el más deprimente, ni siquiera tu presente…
Sólo soy el que ahuyenta tu soledad.
El que te ama sin preguntar.
Sólo soy el que te cuenta la verdad.
El que te arropa sin esperar.